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[Grafemas 02] El proyecto



En algún momento la idea debe convertirse en un proyecto. Es cuando decides que ese destello original que te cautivó puede ser algo más.

Para saber si esa idea puede ser un libro, la etapa del proyecto es fundamental, porque te pones a prueba y decides si es posible hacerlo, así como si este brillo inicial tiene la potencia suficiente como para sostenerse en el tiempo.

Debes preguntarte qué es lo que quieres escribir. Cuál será el género, el tono y el tema, así como decidir el tipo de estructura; hacerlo es necesario para que entiendas cuál es la fortaleza de lo que has ideado, y también para que sepas si podrás hacerlo o no. Estos aspectos no son inmutables, pero haber tomado una decisión permite que tengas en tu poder el control de cambios.

El título es la herramienta con la que me relaciono directamente, es una llave que me permite conectar con el proyecto en cualquier momento; tiene un significado relacionado con la obra, desde luego, pero además tiene un segundo significado personal, que es mi punto de vista individual de este nuevo universo.


El género y el tono van relacionados. Un drama será lógicamente dramático, pero puedes escribirlo con un tono melancólico, emotivo, oscuro o serio, y en cualquiera de esos casos la experiencia tanto para ti al escribir como para tus lectores será diferente. Con respecto al tema, puedes hacerte la siguiente pregunta ¿Qué quiero transmitir?

El tema está en el subtexto y es el mensaje. Puedes elegir hablar de amor en una historia de guerra, o de tristeza en una comedia, y eso estará dentro de lo que relates, ya que cambiará aspectos internos de su desarrollo. Lo que intentes decir estará en el corazón de la obra, y será eso lo que se transmita a quien lo lea; ese conjunto de sensaciones que quedan cuando uno termina un libro y piensa en lo que fue.

No es necesario que tengas muchas cosas más; con esto será suficiente para que tengas un planteamiento base. Tu proyecto es una declaración de intenciones, y una vez realizado, ya puedes poner manos a la obra.

Una vez que tienes esto en tus manos, puedes trabajarlo en una zona segura, pensar correcciones y mejoras, sabiendo que todo está contenido en un mundo propio que no se va a disolver. Por otro lado, si al momento de pasar de la idea al proyecto, te das cuenta de que no tiene la suficiente potencia para serlo, o que no te produce el suficiente interés, por ningún motivo hay que desecharla; puedes tomar ese concepto original, archivarlo, y eventualmente usarlo como un elemento secundario en otra obra.


Nos encontramos en el próximo capítulo: El esquema base

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